Nota / 45
La fuerza del inconsciente: aquello que no podemos controlar
Desde que despertamos, nuestra mente comienza a funcionar. Pensamos en lo que debemos hacer, recordamos lo que ocurrió ayer, planificamos el futuro y nos preocupamos por pequeñas cosas. Sin embargo, mientras nuestra conciencia está ocupada pensando, una enorme cantidad de procesos ocurre silenciosamente detrás de ella.
Caminamos, nos vestimos, conducimos, reconocemos rostros, reaccionamos ante sonidos y tomamos innumerables decisiones sin pensar conscientemente en cada una de ellas.
Existe dentro de nosotros una fuerza que actúa sin pedirnos permiso.
Una fuerza que nos precede
El inconsciente no es simplemente aquello que desconocemos. Es una dimensión profunda de nuestra vida psíquica que puede influir sobre nuestras emociones, decisiones, relaciones, miedos y comportamientos.
Muchas veces reaccionamos antes de comprender.
Podemos sentir confianza o rechazo hacia alguien que acabamos de conocer. Podemos entrar en un lugar y sentirnos incómodos sin saber por qué. Podemos tomar una decisión aparentemente intuitiva y solamente después encontrar una explicación racional.
La conciencia intenta comprender lo sucedido, pero la reacción ya ocurrió.
Esto nos muestra que no siempre somos nosotros quienes iniciamos conscientemente nuestras acciones. Muchas veces algo dentro de nosotros ya ha respondido antes de que podamos formular una respuesta.
El lenguaje del inconsciente
La conciencia utiliza principalmente palabras y razonamientos. El inconsciente puede expresarse de otra manera: mediante imágenes, emociones, sueños, intuiciones, repeticiones y símbolos.
Un sueño puede mostrarnos una casa desconocida, un bosque, un animal, una puerta o un viaje. Estas imágenes no necesariamente deben interpretarse literalmente. Pueden representar aspectos de nuestra propia vida interior.
Una casa puede convertirse en una imagen de nosotros mismos. Una puerta puede representar una transición. Un bosque puede simbolizar aquello que todavía desconocemos.
El símbolo es, en este sentido, un puente entre aquello que conocemos y aquello que todavía permanece oculto.

La sombra que no queremos mirar
Dentro de nosotros también existen aspectos que preferimos no reconocer: miedos, inseguridades, deseos, rabia, vulnerabilidad o necesidades que no coinciden con la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Intentar eliminarlos no significa que desaparezcan.
Aquello que rechazamos puede regresar de otras formas: proyectándose sobre otras personas, apareciendo en nuestros sueños o repitiéndose en determinadas situaciones.
A veces odiamos en los demás aquello que todavía no aceptamos en nosotros mismos.
Por eso conocernos también significa aprender a mirar nuestra propia sombra.
Los patrones que se repiten
¿Por qué algunas historias parecen repetirse?
¿Por qué elegimos determinadas personas una y otra vez?
¿Por qué cometemos los mismos errores aunque sabemos que queremos cambiar?
El inconsciente conserva experiencias y asociaciones que pueden convertirse en patrones. Muchas veces buscamos, sin saberlo, aquello que nos resulta conocido.
La conciencia dice: «Esta vez será diferente».
Pero una fuerza más profunda puede llevarnos nuevamente hacia el mismo lugar.
Reconocer ese patrón es el primer paso para comenzar a transformarlo.
La intuición
La intuición es otra de las formas en que podemos experimentar la actividad inconsciente.
A veces sentimos que algo no está bien sin poder explicar exactamente por qué. Otras veces confiamos en alguien casi inmediatamente.
La intuición no es infalible, pero puede ser la expresión de una enorme cantidad de experiencias y señales que nuestro cerebro ha integrado sin que nuestra conciencia pueda explicar el proceso.
Es un conocimiento que muchas veces aparece antes de encontrar las palabras para explicarlo.
Los arquetipos y los símbolos
A lo largo de diferentes culturas aparecen imágenes y relatos que se repiten: el héroe, la madre, el anciano sabio, el viajero, la muerte, el renacimiento, la oscuridad y la transformación.
Estas figuras pueden entenderse como patrones profundos de la experiencia humana.
Cambian las culturas, cambian los nombres y cambian las historias, pero ciertos símbolos permanecen.
Tal vez por eso determinadas imágenes tienen la capacidad de despertar emociones tan profundas incluso cuando no sabemos exactamente por qué.
No podemos dominar completamente el inconsciente
Quizá uno de los mayores errores sea pensar que podemos controlar completamente nuestra vida interior.
Podemos observar nuestros pensamientos.
Podemos analizar nuestras emociones.
Podemos intentar modificar nuestros hábitos.
Pero no podemos convertir al inconsciente en algo completamente obediente a nuestra voluntad.
Tiene su propia fuerza.
Puede aparecer en un sueño.
En una emoción inesperada.
En una intuición.
En una reacción exagerada.
En una persona que despierta algo desconocido dentro de nosotros.
En una situación que se repite.
El inconsciente no siempre nos habla directamente. Muchas veces nos habla mediante símbolos.

Descender hacia nosotros mismos
Conocernos no significa solamente comprender lo que pensamos conscientemente.
También significa aprender a observar aquello que aparece desde las profundidades:
Cuando comenzamos a prestar atención a estas señales, descubrimos que nuestra vida interior es mucho más grande que nuestra conciencia cotidiana.
Quizá el objetivo no sea controlar el inconsciente.
Quizá sea aprender a escucharlo.
Porque dentro de nosotros existe una fuerza que no podemos dominar completamente, pero que puede enseñarnos quiénes somos.
Una fuerza invisible que actúa desde las profundidades.
Una fuerza que, silenciosamente, participa en el camino de nuestra vida.


Comentarios
Publicar un comentario